CREAR VALORES EN LOS HIJOS/AS

mayo 12, 2009 at 1:11 am 1 comentario

dialogar-padre-e-hijos[1]LOS PADRES Y MADRES ANTE EL CONSUMO DEL ALCOHOL Y OTRAS DROGAS

Los padres y madres tienen mucho que hacer en la prevención de los consumos de alcohol y de otras drogas. En esencia la prevención es un proceso educativo que pretende facilitar el aprendizaje y la maduración personal y social de los hijos, potenciar sus aptitudes para enfrentarse a las situaciones y problemas en su vida cotidiana y que tiene por finalidad el fomento de la autonomía personal, la toma de decisiones y la capacidad de crítica, así como la clarificación y el fortalecimiento de determinados valores.

Los padres y madres pueden llevar a cabo diversas acciones para mejorar la educación de sus hijos, y por tanto ayudarán a prevenir el uso y/o el abuso de drogas, entre las que se incluyen:

a) Mantener una buena relación afectiva con los hijos y transmitirles sentimientos de aceptación en la familia.

Los afectos son muy importantes en nuestras vidas, sentirnos queridos y apoyados contribuirá de forma importante a nuestra estabilidad emocional, en especial en etapas como la adolescencia donde se acentúan las inseguridades y los temores. Por ello debemos enseñar a los hijos a que aprendan a reconocer e identificar sus emociones y a que las compartan con la familia.

Los hijos necesitan sentirse queridos y aceptados porque eso les hace sentirse más seguros de sí mismos, por ello hay que procurar siempre que sea posible mostrar cercanía a los hijos, manifestando nuestras emociones e interesándonos por las de ellos (“te veo triste, ¿te pasa algo?”) y expresando nuestro afecto (con un beso, una caricia, una palmada en el hombro o con palabras).

Los hijos deben percibir que los padres están a sulado, que pueden expresarles sus dudas, opiniones,deseos y temores. Debemos interesarnos por la marcha de sus actividades cotidianas (sus estudios, el trabajo, sus relaciones con los amigos y con los chicos/as) y estar atentos a los problemas que les surjan, aunque no nos parezcan importantes.

(Recuerde que para los adolescentes, problemas insignificantes para los adultos tienen una enorme importancia).

b) Estimular la autoestima y la autoconfianza de los hijos, su capacidad para que establezcan su propia identidad personal y para que la valoren y acepten.

Un adolescente con una alta autoestima se sentirá más feliz y seguro de poder alcanzar las metas que se proponga, siendo menos dependiente de la influencia que puedan ejercer sobre él otras personas. Para conseguirlo es importante evitar juzgar a nuestros hijos (“eres un inútil”), compararles con otros (“tu hermano sí que es listo”), ridiculizarles, insultarles, amenazarles o elogiarles en exceso. Siempre que pueda fomente su seguridad en sí mismos, haciéndoles saber que cada vez están mejor preparados, que se encuentran en mejores condiciones para superar con éxito los retos que se les vayan planteando y,por supuesto, valorando los progresos que realicen.

c) Desarrollar ciertas capacidades y habilidades personales y sociales en nuestros hijos.

Educar es en gran medida capacitar a los hijos, facilitarles recursos, para que puedan afrontar de manera eficaz las situaciones de la vida cotidiana. Muchas de estas capacidades o habilidades personales y sociales son fundamentales en la prevención de los consumos de drogas:

• Enseñe a sus hijos a manejar el estrés y las presiones a las que puedan

estar sometidos.

• Enséñeles a resistir la frustración, a que no siempre podemos tener o conseguir lo que queremos, aunque con esfuerzo quizás sea posible lograrlo más tarde.

• Favorezca su autonomía y libertad personal, enseñándoles a controlar y manejar la presión que puedan ejercer sobre ellos los amigos o la publicidad.

• Enseñe a sus hijos a establecer y mantener relaciones con otras personas,

a que se comuniquen y relacionen con amigos.

• Facilíteles que aprendan a tomar decisiones, a que identifiquen todas las

opciones posibles y las ventajas e inconvenientes de cada una, en un corto

y largo plazo, antes de tomar una decisión. d) Dialogar y comunicarse con los hijos, conocerles y saber cuáles son sus necesidades.

Mantenga una comunicación abierta y fluida con sus hijos, acostúmbreles a

hablar con el resto de la familia de sus vivencias, preocupaciones o problemas cotidianos. Como se ha señalado, la educación significa acompañamiento y apoyo a los hijos en su distintas etapas vitales y la comunicación es un instrumento esencial para acometer esta tarea. Escuche y razone con sus hijos,conozca sus opiniones, aunque no las comparta.

La comunicación, además de facilitar las relaciones familiares, contribuye a la socialización de sus integrantes. En la familia se suscitan situaciones similares a las que cada uno de sus miembros deben hacer frente, en su trabajo, en el instituto o en el grupo de amigos, sirviendo como campo de entrenamiento para que los hijos aprendan a verbalizar sus propias opiniones, para que perciban e incorporen ciertos valores (la amistad, la solidaridad, el respeto a los otros, etc.) y actitudes ante aspectos de su vida. La comunicación es una herramienta educativa muy importante que debe ser cuidada, recordando siempre que una buena comunicación exige saber escuchar, ser asertivos, hacer y aceptar las críticas.

e) Informar y sensibilizar a sus hijos sobre las drogas y los efectos asociados a su consumo.

Las fuentes por las cuales los adolescentes obtienen información sobre las drogas y los efectos asociados no siempre son las más adecuadas (medios de comunicación, amigos, hermanos, etc.), por ello los padres, junto con los profesores, deben asumir la responsabilidad de trasmitir a sus hijos una información objetiva sobre las mismas que, evitando alarmismos injustificados, permita conocer los efectos y problemas asociados a su uso, así como las razones que hacen desaconsejable el mismo.

Para poder acometer esta tarea, los padres y madres deben informarse previamente, para lo que disponen de diversos materiales didácticos y de una oferta de formación que se canaliza a través de cursos que organizan instituciones que trabajan en el campo de la prevención. No es necesario ser un experto en drogodependencias para poder hablar con los hijos de los problemas que comporta el consumo de alcohol (accidentes de tráfico, problemas de dependencia, problemas físicos, dificultades para estudiar, etc.), de los que seguramente puede encontrar algún ejemplo en su entorno social.

La información que faciliten a sus hijos debe ser objetiva y cierta (evitar frases como “todo el que bebe acaba teniendo problemas de alcoholismo”), clara y adaptada a las necesidades de cada edad (a los hijos más pequeños no tendrá sentido hablarles de las drogas ilegales y sí de sustancias como el tabaco o el alcohol que tienen más próximas).

f) Convertirse en un modelo de salud para sus hijos.

Los padres y las madres tienen una enorme influencia sobre los hábitos de los hijos, por eso es muy importante que se conviertan en modelos de salud para ellos, desarrollando aquellas conductas que desearían potenciar en sus hijos.

Los padres deben destacar ante los hijos la importancia de mantenerse sanos,cuidando la alimentación y la higiene personal, realizando deportes y evitando comportamientos que perjudiquen la misma, en particular el consumo de sustancias como el alcohol, el tabaco y otras drogas.

Debemos procurar mantener coherencia entre los valores y pautas de conducta que intentamos transmitir a nuestros hijos y nuestro propio comportamiento.

Evidentemente los padres serán mejores modelos en la medida en que prediquen con el ejemplo. Cada vez que fumen o beban alcohol en presencia de sus hijos, o cuando no lo hacen, actúan como modelos negativos o positivos para ellos.

g) Potenciando valores sociales positivos.

El proceso de aprendizaje o socialización lleva aparejado la incorporación de ciertos valores sociales, que se potencian o transmiten desde diferentes instancias (la familia, la escuela, los amigos, los medios de comunicación, etc.). La instauración de valores es un elemento clave en la educación, puesto que de alguna manera orientan nuestras vidas y condicionan nuestro comportamiento.

Algunos valores sociales como la hipercompetitividad, el individualismo, elhedonismo o el consumismo actúan como elementos facilitadores o inductores de los consumos de drogas. Por ello la familia debe colaborar en la transmisión de valores como la libertad, el respeto a los demás, la solidaridad, la superación personal, etc., que además de contribuir al adecuado crecimiento personal de los hijos, actúan previniendo el consumo de drogas.

Esta tarea no siempre resulta sencilla para los padres, puesto que la publicidad y el entorno social potencian con frecuencia valores contrarios. Debemos tener en cuenta que la transmisión de valores a los hijos no sólo se realiza mediante la verbalización o comunicación de los mismos, sino a través de la observación o imitación de las actuaciones cotidianas de los padres) Establecer normas adecuadas que regulen la vida familiar.

A los padres les corresponde fijar normas que regulen la vida familiar y la conducta de sus hijos, indicando qué tareas deben realizar (estudiar, colaborar en las tareas domésticas, etc.) y marcando límites que impidan ciertos comportamientos.

El establecimiento de normas es básico porque ordena nuestra vida social, facilitando la convivencia y la responsabilidad personal. Pero además, diversos estudios han puesto de manifiesto que el seguimiento de las normas familiares generales, y en particular la existencia por parte de los padres de normas claras impidiendo el consumo de bebidas alcohólicas, se muestra como un factor de protección frente a los consumos de esta sustancia.

Las normas que establezcan los padres deben ser razonables (evitando siempre que sea posible como argumento el “porque lo digo yo”), realistas (han de poder ser cumplidas), adaptadas a las edad y las características de los hijos, claras y firmes (no pueden cambiarse constantemente o dejarse de cumplir en función del estado de ánimo de los padres) y coherentes (no se puede impedir a un hijo lo que se le permite a otro por el mero hecho de que, por ejemplo,tengan diferente sexo). Debe quedar claro que el respeto a las normas o su incumplimiento tendrá consecuencias en forma de premio o reconocimiento y de castigo.

Hay una norma, que reúne las características anteriores, que pueden adoptar los padres en la seguridad de que puede contribuir a prevenir el consumo de alcohol entre sus hijos: “mientras seáis menores de edad queda prohibido, bajo ninguna circunstancia, consumir bebidas alcohólicas. El incumplimiento de la norma se castigará con la prohibición de salir los fines de semana durante un mes”.

El tipo de normas y su grado de concreción variará en función de la edad y el

grado de responsabilidad de nuestros hijos. Al principio las normas serán más rígidas, hasta que progresivamente se vaya flexibilizando su interpretación (desde el “a las seis se apaga la televisión” hasta el “procura irte a la cama cuando acabe la película, que mañana debes madrugar para preparar el examen”). A medida que nuestro hijos sean más responsables e independientes las normas deberán ser menos rígidas.

Debe recordarse que aunque los padres son los que tienen la autoridad para

fijar las normas, éstas serán mucho más eficaces) Promover alternativas de ocio saludables.

El ocio tiene una gran importancia en nuestras vidas, puesto que es el tiempo que dedicamos libremente a realizar una serie de actividades que nos resultan gratificantes.

Pero el tiempo de ocio puede ser, además de un espacio para la diversión,

un espacio para la consolidación de hábitos saludables, para la educación desde contextos informales. Cuando nuestros hijos juegan a baloncesto, además de hacer ejercicio se relacionan con otros chavales/as, aprenden a trabajar en equipo, interiorizan valores como la constancia, la superación personal, etc.

Los padres pueden favorecer que sus hijos utilicen adecuadamente su tiempo libre:

• Estimulando el desarrollo de ciertas aficiones y hábitos (su interés por

algún deporte o actividad artística o cultural, etc.).

• Ayudándoles a programar su tiempo libre, realizando sugerencias de actividades que podrían llevar a cabo (en ocasiones los hijos afirman que se aburren, tan sólo porque no se toman la molestia de planificar qué hacer, de revisar posibles actividades que tienen a su alcance).

• Actuando como modelos de ocio saludables (compartiendo con ellos

alguna actividad de ocio).

• Favoreciendo su participación en asociaciones juveniles, culturales, deportivas, ecológicas, etc. o en proyectos al servicio de la comunidad (colaboración como voluntarios, etc.).

Finalmente señalar que los padres deben evitar algunas conductas que no ayudan en absoluto a prevenir los consumos de alcohol y otras drogas:

• Hablar sin escuchar las opiniones y vivencias de los hijos.

• Ignorar o menospreciar sus problemas.

• Adoptar actitudes excesivamente coactivas o autoritarias, que limiten en

exceso la libertad de los hijos.

• Evitar que el hogar familiar sea un espacio en constante tensión.

• Hacer que dependan excesivamente de los padres para todo.

• La existencia de contradicciones entre el padre y la madre respecto a cómo educar a los hijos (que uno adopte posiciones rígidas y el otro demasiado permisivas).( Deben ser explicadas a los hijos). Promover alternativas de ocio saludables.

El ocio tiene una gran importancia en nuestras vidas, puesto que es el tiempo que dedicamos libremente a realizar una serie de actividades que nos resultan gratificantes.

Pero el tiempo de ocio puede ser, además de un espacio para la diversión,

un espacio para la consolidación de hábitos saludables, para la educación desde contextos informales.

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PROBLEMAS QUE GENERA EL ALCOHOL DIFERENTES ESTILOS EDUCATIVOS

1 comentario Add your own

  • 1. mariamayor  |  mayo 17, 2009 en 8:38 am

    Es muy ameno tu articulo sobre los padres y el consumo de DROGAS sean DURAS o BLANDAS como las llaman, aunque para mi todas son DROGAS, es muy importante saber vivir sin nada de eso, porque la vida es muy bonita y no que hay que estropearla con nada, hay que vivir amando a la vida. Enhorabuena. Un abrazo.

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