PASILLOS A LA LUZ — Elisa Pavón

abril 7, 2016 at 12:30 am Deja un comentario

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Dicen que en las guerras lo primero que se pierde es la verdad. En la que se libra por saber de Koria, sin duda es así. La verdad de cómo fue su vida acogida en la familia Mañogil Campillo sólo la saben ellos y cualquier otra “verdad” que cuente la gente, por mucha vehemencia que quieran imponer en su defensa, nunca es ni será más cierta. Lo que supuso para ella vivir como lo hizo en España esos 10 años y medio y lo que le supone lo vivido estos últimos 5 años en el Sahara Occidental, eso sólo lo sabe ella. Hoy oficialmente cumple 23 años, aunque en realidad tiene más. Toda una mujer, sin libertad, ni derechos, ni voz ni voto sobre su propia vida. Pienso cuántas cosas le diría que no puede ni imaginar…

Ese pasillo lleno de puertas por el que correteabas con David, cada 5 de abril se vestía de gala para dibujar espacio suficiente donde vuestras mentes infantiles hicieran volar la imaginación, entre nervios emocionados, risas cómplices y carreras llenas de voces preguntonas. Pensaros me ha hecho sonreír recordando a mi hija, buscando las pistas numeradas que la conducían hasta el tesoro escondido que era su regalo de cumpleaños. No le importaba qué era, sólo daba valor a la ilusión y al cariño con que le preparamos ese juego año tras año… Como tú, Koria.

Te estoy viendo haciendo incursiones sorpresa en la cocina, a hurtadillas, abrazando a tu madre por detrás y distrayéndola lo justo para robarle ese trocito de pimiento rojo, del mismo tipo que hoy añade ella a esa paella especial que sigue preparando para ti, soñando que sean ciertas las manos que siente en su cintura cuando te imagina. Ay, no sabes tú cuanto hay envuelto en cada grano de arroz desde que tú no estás. Ella sí, pero yo también, porque aún no sabe que dejé mis ojos allí, para no perderla de vista cuando tu hermano y tu padre no están. Que ya nunca se volvió a sentir el mismo olor en tu casa, Koria, tampoco ambiente de alegría, ni el chocolate de tu tarta sabe a lo que debería saber. Que no estás y se nota la ausencia de tu alegría, la necesidad de tu luz y el abismo descomunal que separa el antes y el después de ti en tu familia.

Déjame que te cuente que hasta yo me empapé de tus ganas de llegar a ver cumplido tu sueño de ir a la universidad, sólo viendo tu mesa de estudio tal como la dejaste antes de irte con tanta ilusión a ver a tu familia saharaui a los campamentos, o en tu cuarto, que acumula recuerdos de niña siendo ya toda una mujer.

Nada ha cambiado en realidad en la casa, todo te sigue esperando igual. A tus padres y tu hermano se les paró la vida y se les abrió un socavón vacío en el corazón que buscan desesperados cómo llenar, aunque sólo fuera con la ilusión de saber algo de ti. Que cinco años son muchos, Koria, que la arrogancia de la imposición paterna no te deja vivir en paz y libertad, ni a ellos les cuartel para vivir con un minuto de tranquilidad y sosiego. Aquí esquivan torpedos y minas de profundidad lanzados por tantos que niegan que estás secuestrada, incomunicada, sola y desprotegida en el puto desierto donde se pierde tu sombra y se acalla por tradición la voz de cuantos podrían hacer que tu familia saharaui reaccionara y que la española no tuviera que seguir sufriendo la incertidumbre de no saber siquiera si estás viva.

img-20160404-wa0000  No lo elegiste tú, ni tampoco es tu voluntad, ya lo sé. Pero quiero decirte, porque no te lo contarán, que hoy no es un día más. Hoy ese pasillo interminable se asemeja a la vida sin ti, deben seguir caminando por él, porque al final está la luz. Ni un solo día de los 1.920 que llevas retenida allí han parado de buscarte, ni han dejado de hacer visible tu situación, de pelear por tu libertad y tu derecho a decidir libremente tu futuro, como lo hicieron cuando estabas aquí. Tú eres grande en valores y en principios, porque ellos te los enseñaron, te aconsejaron, te ayudaron a entenderlos y a respetarlos, sin dejarte perder ni uno solo de tus arraigos, anhelos y de tus propios instintos. Te digan lo que te digan, te cuenten lo que te cuenten, al final sólo vale una cosa: Lo que sólo tú sabes. No lo olvides, Koria, y, cuando puedas decidir al fin, mira en tu interior para saber quién eres y quién quieres ser. Tú misma contigo misma.

Hoy te regalo mis fuerzas, mis mejores palabras de aliento y una de mis manos, que sigue extendida para que te agarres a ella porque la necesites. La otra, la tengo ocupada acompañando a tu familia y a otras muchas en el recorrido por este largo pasillo hasta la luz, que eres tú y que son las demás. Alcanzaremos el final, ojalá, sólo aguanta. Esta espera, también valdrá la pena.

@ Elisa Pavón

https://elisapavon.wordpress.com/2016/04/04/pasillos-a-la-luz/

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